Foto: MM Chamorro El Cristo corona con sus fiestas la temporada estival en Castilfalé
Los pueblos pequeños rebosan vida en verano y fiestas. Castilfalé es uno de estos casos en los que el bullicillena de alegría y risas calles y plazas en un inusual encuentro intergeneracional. Así se ha vivido, con orgullo, las fiestas de Castilfalé en honor al Cristo. Una 'cita' a la que los 'hijos del pueblo' regresan con ansias para saborear antes de la definitiva llegada del otoño el sabor del terruño.
Desde el pasado viernes y hasta hoy mismo Castilfalé ha sido una sucesión de alegría, celebración y también devoción. No ha faltado la tradición de adorar la reliquia, en un íntimo acto que se hereda generación tras generación, y actos tan arraigados al pueblo como el tiempo. La tradicional hoguera y el tañido de las campanas en días de fiesta no han faltado en la agenda festiva.
Unas fiestas, que como cada año, han servido para poner el colofón a la temporada estival. Porque aunque el verano ya se llevó a los veraneantes hace semanas no es hasta estas fechas cuando se dice el 'adiós' definitivo a la temporada en el pueblo.
Tras noches de fiesta, actividades para todos hoy no ha faltado el típico chocolate con churros para desayunar y una comida de hermandad que ha vuelto a unir al pueblo alrededor del mantel como si de una gran familia fuera.
Así el Cristo ha vuelto a unir bajo su fiesta a todo el pueblo que suma así un nuevo capítulo de historia en sus vidas.
Los pueblos pequeños rebosan vida en verano y fiestas. Castilfalé es uno de estos casos en los que el bullicillena de alegría y risas calles y plazas en un inusual encuentro intergeneracional. Así se ha vivido, con orgullo, las fiestas de Castilfalé en honor al Cristo. Una 'cita' a la que los 'hijos del pueblo' regresan con ansias para saborear antes de la definitiva llegada del otoño el sabor del terruño.
Desde el pasado viernes y hasta hoy mismo Castilfalé ha sido una sucesión de alegría, celebración y también devoción. No ha faltado la tradición de adorar la reliquia, en un íntimo acto que se hereda generación tras generación, y actos tan arraigados al pueblo como el tiempo. La tradicional hoguera y el tañido de las campanas en días de fiesta no han faltado en la agenda festiva.
Unas fiestas, que como cada año, han servido para poner el colofón a la temporada estival. Porque aunque el verano ya se llevó a los veraneantes hace semanas no es hasta estas fechas cuando se dice el 'adiós' definitivo a la temporada en el pueblo.
Tras noches de fiesta, actividades para todos hoy no ha faltado el típico chocolate con churros para desayunar y una comida de hermandad que ha vuelto a unir al pueblo alrededor del mantel como si de una gran familia fuera.
Así el Cristo ha vuelto a unir bajo su fiesta a todo el pueblo que suma así un nuevo capítulo de historia en sus vidas.





























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