R. Meléndez
Martes, 21 de Julio de 2026
Valencia de Don Juan

La penúltima parada de Charanga Gurugú, un emocionado 'hasta luego'

El pasado sábado, la emblemática Charanga Gurugú puso fin a su andadura tras años de música y alegría, regalando a vecinos y visitantes una despedida festiva que quedará grabada en la memoria colectiva de Valencia de Don Juan.

El sábado 18 de julio, las calles de Valencia de Don Juan vibraron al ritmo inconfundible de la Charanga Gurugú, que eligió el mejor modo posible para decir hasta luego: una animada fiesta repleta de música, risas y emoción. Tras décadas acompañando los momentos más señalados del municipio leonés, este grupo musical decidió colgar sus instrumentos, dejando tras de sí un legado imborrable y una estela de recuerdos compartidos.

La historia de la Charanga Gurugú es también la historia reciente del pueblo. Nació hace años como el sueño común de cuatro amigos decididos a poner banda sonora a las fiestas locales. Poco a poco, aquel pequeño grupo fue creciendo hasta convertirse en un referente imprescindible para varias generaciones coyantinas. Su nombre singular está ligado al mítico Tren Burra, aquel ferrocarril que surcaba los campos del sur leonés y cuya trinchera pasado Valjunco inspiró el apodo con el que se bautizó la charanga: Gurugú, homenajeando así tanto al paisaje como a la memoria ferroviaria local.

Durante todos estos años, la charanga ha sido mucho más que música: ha sido punto de encuentro intergeneracional, motor incansable para animar verbenas y procesiones, símbolo vivo del espíritu festivo coyantino. Como recordaban algunos vecinos durante la despedida: “No había fiesta sin ellos; su música nos hacía sentirnos parte del mismo pueblo” comenta un vecino.

El adiós no fue triste sino todo lo contrario. Fieles a su estilo alegre y cercano, sus miembros salieron juntos -con sus inconfundibles camisetas fucsia- por última vez para llenar las calles con melodías populares y canciones inconfundibles. Familias, amigos... hubo abrazos emocionados y lágrimas contenidas, no faltaron las palabras sentidas hacia quienes integraron el grupo.

Con este último desfile festivo —convertido en homenaje espontáneo— la Charanga Gurugú deja un vacío difícilmente reemplazable pero también un ejemplo luminoso sobre cómo la pasión compartida puede transformar cualquier rincón en un lugar especial. Sus integrantes prometieron que esto es solo un “eterno hasta luego”, dejando abierta la puerta para futuros reencuentros o nuevas aventuras musicales bajo otras formas.

Mientras tanto, queda su legado: años llenos de historias pequeñas y grandes escritas al compás del bombo y el clarinete; amistades forjadas entre notas musicales; recuerdos imborrables para toda Valencia de Don Juan. Porque si algo demostró esta despedida es que la música une lo que el tiempo nunca podrá separar.

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