Redacción
Miércoles, 28 de Enero de 2026

Bajo el manto blanco: las cigüeñas de Benamariel y la inesperada nieve de Kristin

En lo alto de la torre de la iglesia de de Benamariel, donde el tiempo parece inmóvil, se alza un nido robusto y acogedor. Allí, las cigüeñas, guardianas silenciosas del pueblo, contemplaban el mundo con la serenidad que da la costumbre y los años. Sin embargo, esta mañana de invierno fue distinta; una sorpresa blanca comenzó a caer del cielo con la llegada de la borrasca Kristin.

Benamariel es un rincón tranquilo, junto al Esla, donde las estaciones siguen su curso habitual sin grandes sobresaltos. Las cigüeñas que habitan en el campanario son testigos privilegiados de cada amanecer y atardecer. Su nido elevado les ofrece vistas inigualables: campos dorados en verano, cielos estrellados en otoño y brisas suaves en primavera. Aquí hasta alguna aurora boreal han logrado ver.

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Pero este miércoles algo mágico ocurrió. La nieve empezó a descender lentamente sobre el pueblo, cubriendo tejados, calles y árboles con un manto blanco impoluto. La nieve, tan abundante antaño, y que ahora es más bien escasa. Sin embargo este 2026 ha empezado "con nieves"

Una bella estampa

Las cigüeñas observaban asombradas cómo los copos danzaban en el aire antes de posarse suavemente sobre sus plumas y el entorno cercano. Era una escena inédita para ellas; acostumbradas a cielos despejados o lluvias pasajeras, esta quietud helada era casi un poema visual.

Desde su atalaya privilegiada podían ver cómo los habitantes de Benamariel salían con abrigos gruesos y bufandas coloridas para admirar aquella rareza invernal. Los coches más despacio de lo habitual por la N-630, los vecinos sonriendo bajo gorros tejidos a mano… todo parecía detenido bajo ese lienzo níveo.

La nieve no solo sorprendió a las cigüeñas sino que también transformó su percepción del mundo. El silencio amplificado por la blancura generaba una sensación casi mágica que invitaba a la reflexión tranquila desde su nido solitario.

Conforme avanzaba el día, la nevada cesó dejando tras sí un paisaje irreconocible pero hermoso. Las cigüeñas continuaron observando pacientemente desde arriba mientras poco a poco la vida retomaba su pulso habitual bajo esa efímera capa protectora blanca.

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