R. Meléndez
Lunes, 12 de Mayo de 2025
La realidad de un pueblo olvidado

El pueblo que se resiste a morir y mantiene su fiesta: Valdefuentes

Hay un pueblo tan pequeño (y olvidado) que perdió hace décadas el título de pueblo. Ahora tan solo es un núcleo poblacional. Es Valdefuentes, en el término municipal de Valderas. Todos los que aquí nacieron y habitaron se trasladaron a otras localidades, la mayoría a Valderas. Por ese motivo, muchos son los valderenses que tienen un especial vínculo con Valdefuentes.

 

En este pueblo, que no cuenta con calles asfaltadas, y, en ocasiones la maleza lo devora, están abiertas tres o cuatro casas de forma continuada. Recuerdan que hubo escuela, una gran escuela, y aquí eran numerosos los niños. Ahora las casas desafían al abandono, pero sin embargo el día de la fiesta la alegría resuena en las calles.

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El sábado el pueblo se volvió a llenar. Era difícil hasta aparcar.  Decenas de coches buscaban un lugar para aparcar "sin molestar demasiado" en unas calles olvidadas. Este año la meteorologia no acompañó demasiado para recorrer los algo más de tres kilómetros que separan Valderas de Valdefuentes andando. La mayoría optaron por el coche para acudir hasta Valdefuentes.

 

La alegría en las caras de los que regresaban era evidente. "Mira aquí vivía mi abuelo" y "aquí mi madre me contaba..." historias y anécdotas en cada corrillo a los pies de la iglesia. Una iglesia que permanece erguida, desafiando al tiempo y al abandono (porque esa es otra historia). Un año más la iglesia se quedó pequeña para la celebración religiosa. Muchos esperaban fuera al término de la eucaristia, alguno comentando que el nuevo Papa el ya popular León XIV descendía de España. No falta la broma: "y si desciende de Valdefuentes, de esta tierra fronteriza han salido muchos personajes". 

 

-"El Papa tendría que ver lo mal que tenemos la iglesia, saca fotos para que vea lo mal que está nuestra iglesia"

 

Lo cierto es que ver la iglesia de Valdefuentes "de cerca" apena, porque desde la carretera 'engaña'. Al estar a los pies de este templo que tanta historia atesora se ven las heridas del paso del tiempo implacable. Unas heridas no curadas por un abandono.

- "¿Quién tiene la titularidad de la iglesia?", pregunto.

- "Ahora ni se sabe" me contestan rápidamente, "mira lo mal que está la zona que se cayó hace tres años".

Lo que fue la capilla cayó por completo y no se hizo nada, la puerta se abre y solo hay escombros. Un espectáculo dantesco, entre las maderas caídas observo el resto de lo que en su día debió de ser una bonita pintura mural parece una hornacina "ahí estaba la Virgen" me indican, el día en el que el techo colapsó la Virgen no estaba. Ahora esa Virgen del Rosario está junto al retablo mayor que en su día fue presidido por la imagen de San Isidoro de Sevilla, una talla que de forma habitual está en el Museo Parroquial "es que es de mucho valor" me indica una vecina de Valderas oriunda de Valdefuentes.

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Al finalizar la misa los cohetes marcaron la señal. ¡Es fiesta en Valdefuentes y la vida regresa a las calles!.  Más de un centenar de personas participan en la procesión. San Isidoro y la Virgen del Rosario recorren las calles embarradas y encharcadas. El horizonte con una intensa negra nube, "viene la tormenta" presagia un agricultor que sabe de lo que habla.

 

Tras la procesión tuvo lugar la bendición de los campos. "Protege las cosechas del granizo y de las tormentas" reza el joven párroco de Valderas, no llega a la treintena. Unas palabras que parecieron proféticas, la tormenta llegó mientras se celebraba el "pincho" aunque la mayor parte del granizo esquivó Valdefuentes y Valderas, posiblemente casualidad, pero el hecho queda allí.

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Con todo el pueblo de Valdefuentes volvió a presumir de historia y de tradición en un grito desesperado por "no morir". "Tenían que cuidar un poco más esto" comentan en los corrillos, reivindicaciones que se hacen más altas en ocasiones.


La fiesta concluyó como empezó: con abrazos largos y promesas renovadas de volver al año siguiente. En Valdefuentes, donde solo quedan piedras viejas y casas cerradas durante meses, la fiesta sigue siendo un acto reivindicativo de un pueblo que se resiste a morir.  
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