El magazín del Sur de León Lunes, 26 de febrero de 2018 Última actualización: Domingo, 25 de febrero de 2018 11:14
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Daniel Herrero
Miércoles, 1 de mayo de 2013
Nuestros paisajes

El Páramo

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Para los leoneses con decir “El Páramo” sabemos muy bien a qué nos referimos. Es como el que dice “Valencia” para Coyanza y “Valencia del Cid” para referirnos a la ciudad levantina. De forma genérica “páramo” es toda superficie horizontal elevada unas decenas de metros respecto a su entorno y de gran amplitud. El Páramo leonés está pues perfectamente delimitado por los valles de los ríos Órbigo y Esla, sobre los que destaca decenas de metros. La planicie va perdiendo su carácter hacia el Norte, en la transición de la Cordillera, y también hacia el Sur, donde la aproximación a la desembocadura del Órbigo en el Esla origina mayor erosión y da lugar a una zona de vallejos.


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La pedregosidad siempre dificultó las labores de estos suelos ácidos y bajos en elementos químicos. Los habitantes del Páramo siempre vivieron obsesionados por abrir pozos cuya excavación acarreaba un gran riesgo, fundamentalmente por los derrumbes y el fallo de los artilugios. Los pozos del Páramo ocuparon mucho esfuerzo, fueron obsesión y martirio para labradores que veían en ellos el reflejo de sus deseos de supervivencia.


Pero llegó un momento clave en la evolución de esta comarca, el regadío. Este hecho nos ayudará a diferenciar los tres sectores de mayor singularidad del Páramo:


Valdevimbre: Espacio eminentemente vitícola. Los primeros planes de impulso del regadío en El Páramo relegaron este espacio por las dificultades técnicas de concentración parcelaria y de implantación de infraestructuras de regadío.


El Páramo Alto: Temprana transformación de secano a regadío en los años 60, convirtiendo al sistema Órbigo–Ribera-Páramo en el área de riego más extensa de la cuenca del Duero por entonces.


El Páramo Bajo: De los pozos y de los sobrantes del agua del Pantano Barrios de Luna se regará este espacio hasta finales del siglo pasado, cuando se logre consolidar los regadíos gracias a la toma de agua de Villalobar.






Daniel Herrero es licenciado en Geografía

correo: [email protected]


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