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Daniel Herrero
Miércoles, 17 de abril de 2013
Origen del paisaje

¡Bajo las aguas!

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Muchos hemos repetido varias veces eso de: “El río Duero nace en los Picos de Urbión, provincia de Soria, pasa por las ciudades de Soria y Zamora y desemboca en el océano Atlántico por Oporto”. Pues bien, imaginaos que el Duero no tuviese salida al océano, y por tanto, toda el agua formase un gran lago interior.

­Así fue, y hace como unos 5 millones de años, un río en la vertiente portuguesa fue remontando hacia el interior hasta conectar con ese gran lago en la zona de los Arribes del Duero. Fue a partir de entonces cuando el agua del Duero encontró salida al mar. ¿Qué sucede con el material que se había ido sedimentando en la cuenca del Duero? Se va erosionando y se forma el paisaje que vemos en la actualidad con páramos, tesos, vegas y campiñas.



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El agua que bajaba desde la montaña hasta fondo de la cuenca fue sedimentando materiales como arcillas o arenas (entre otros) en ese lago interior. Posteriormente el lago se fue vaciando y los ríos se encajaban formando valles. En la imagen vemos los materiales del relleno sedimentario originarios de aquel lago como las arcillas en Tierra de Campos y en numerosas lomas o tesos de Los Oteros.

 

Pero al mismo tiempo que los ríos se encabajaban, dejaban cantos y piedras procedentes de la montaña. Esos materiales son comunmente conocidos como cantos rodados, pues han sido arrastrados por los ríos desde la montaña. Generalmente, cuanto más haya rodado ese canto más se habrá erosionado y más pequeño y redondeado será. Denominaremos pues depósitos detríticos a todo el conjunto de materiales pedregosos depositados por los ríos en tiempos pasados, sobre los sedimentos del antiguo lago. El Páramo leonés y las terrazas fluviales del Cea o del Esla son buenos ejemplos.

 

Por último, los fondos de valle constituyen la última y más jóven unidad geomorfológica del sur de León. El caudal de los ríos disminuyó hasta impedirles transportar cantos y piedras durante largas distancias. En cambio, les permitió transportar materiales finos, como arenas y limos, presentes en la actualidad en las vegas de los ríos. La ausencia de cantos rodados, la abundancia de materia orgánica y la proximidad a un curso de agua caracterizan al fértil ámbito de las vegas y riberas.   

 

Así pues los cantos rodados, la arcilla y la tierra fértil de las vegas serán la seña de identidad del paisaje del sur de León. Con los cantos rodados se construyeron murallas  y molinos, en la arcilla se excavaron las bodegas, y de las fértiles vegas obtenemos lo mejor de nuestros productos.







Daniel Herrero es licenciado en Geografía

correo: [email protected]


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